No es el 13 un aniversario que suela celebrarse, pero como es el que nos toca este año, y como coincidía con que Ana Curra acaba de convocar a 13 Apóstoles para celebrar la Última Cena de Parálisis Permanente, aprovechamos para celebrarlo todo, en la presentación en directo del disco en Madrid, un acontecimiento irrepetible, una noche inolvidable.
Ana no solo mantiene vivo el legado de Parálisis Permanente, sino que además lo actualiza y demuestra que sigue vigente, en esta ocasión revisándolo con cantantes de la escena actual, que de alguna manera comparten ese espíritu y se mueven entre esas sombras. Viejas canciones con nuevas voces y un potente sonido grabado en directo. Y para presentarlo, todos unidos: su banda actual, la que grabó el disco y casi todos los apóstoles participantes. Un lujo poder reunir semejante elenco de artistas en un mismo escenario el mismo día, algo que nunca resulta sencillo.
El resultado: un demoledor aquelarre en tres actos. Primero, con la banda actual (Pilar, Iván y Luis) repasando temas propios en solitario, de ayer y de hoy. Segundo: con la banda que grabó el disco (Manolo Uvi, Jose Battaglio, Cesar Scappa y Rafa Le Doc) revisando algunos temas de Parálisis. Y tercero, de nuevo con la banda actual y con los invitados desfilando por el escenario para cantar cada cual su canción. Todo ello en el fantástico marco del Teatro Eslava, con excelente sonido y luces, y aprovechando la enorme pantalla de fondo para ambientar con proyecciones especiales en cada tema. Un espectáculo total. Una noche para el recuerdo.
Este año no pensaba estar en Madrid los primeros días del año, así que en principio no iba a ir al tradicional concierto de Sex Museum en El Sol a primeros de enero. Pero al final no me fui a ningún lado, así que ya que estaba aquí saqué mi entrada casi a última hora. Y no pensaba ni llevarme la cámara, para disfrutar del concierto más tranquilamente. Pero al final pensé que cómo iba a ver a Sex Museum sin cámara, así que finalmente me la llevé. Y tampoco pensaba escribir ni publicar nada sobre el concierto, pero como al final salen unas cuantas fotos que no están mal, y te pones a hacer cosas con ellas, pues te apetece enseñar alguna, y ya puestos había que escribir algo.
Y nada, que aunque seguimos sin tener noticias de la publicación de su inminente nuevo disco, Sex Museum nunca defraudan, y nos dieron una sacudida de rock and roll como acostumbran, para que empecemos bien el año. Y al que viene pues ya veremos, pero raro será que, aunque haga otros planes, no acabe bajando una vez más las escaleras de El Sol en la primera semana de enero para volver a reunirme con toda la parroquia habitual alrededor de la familia Pardo y compañía, porque volver a disfrutar juntos estos ratos es como volver a casa, sea o no Navidad. Y nunca hay que perder esas buenas costumbres.
Volvimos a Benidorm para repetir la experiencia del año pasado en el Bali RNR Show, y tenemos que decir que esta vez fue aún mejor que la anterior, con más comodidades y detalles para disfrutar el fin de semana. Desde el viernes por la tarde ya empezaba el movimiento, con el mercadillo de música, ropa y complementos en el Island Bar, amenizado con las primeras actuaciones para los más madrugadores. Mario Malatesta y el Capitán Entresijos fueron los primeros en ir poniendo el ritmo para dar la bienvenida a los asistentes, que se iban reencontrando y poniendo al día, con las primeras cervezas dentro del bar y al borde de la piscina, aunque el tiempo parecía que tampoco iba a ser demasiado bueno este año, como ocurrió en la cita anterior.
Aunque aquí eso da igual, es lo bueno de que todos los eventos sean a cubierto, y si no quieres salir del hotel desde que llegas hasta que te vas, no hace falta que lo hagas. Habitación y diversión sin salir del mismo edificio, con la comodidad de tener lo uno de lo otro a un golpe de ascensor. Sin colas, ni esperas, ni incomodidades que hacen que a veces te resistas a ir a un festival. Aquí esa excusa no vale. Con la caída del sol fuimos bajando nosotros también para el sótano, a la Bali Ballroom, a seguir disfrutando con el resto de bandas, hasta siete esa primera noche. Los primeros en subirse al escenario grande fueron Macarrones, que dieron un gran concierto para abrir la noche. The Daltonics tomaron el relevo, continuando una fiesta que Varonas llevaron aún más arriba, con su explosivo entusiasmo y su energía escénica.
La cosa iba en alza, y con el Comando 9MM no podía decaer, todo lo contrario: Manolo, Rafa y Pedro salieron sin concesiones, revolucionando a los pocos despistados que aún no se habían sumado al delirio general. Lo mejor de cada casa se subió al escenario o se apropió del micro, los punkis viejos reunidos dando más guerra cada día, y lo que les queda. No se lo dejaron fácil a Anti-Mums, no pudiendo superar ya el nivel de locura desatada un rato antes, porque parecía imposible, tiraron de ironía y sorna gallega para amplificar la caña musical con la verbal, incluyendo algunas dedicatorias muy directas y personales, y por supuesto, recordando al gran Kike Túrmix con esa balada que le dedican.
Y aunque parecía que la locura del Commando era imposible de superar, no habíamos contado con los turineses Sloks. Allí aparecieron tres tipos muy elegantes, como buenos italianos, y un cuarto elemento que parecía sacado de una peli de serie B exótica, tocado con algo parecido a un turbante y enfundado en una especie de túnica o caftán. Hasta ahí bien, pero en el momento en que empezó el concierto se desató como un auténtico poseso y ya no paró un momento de sacudirse, encima, debajo, enfrente y a los lados del escenario, empeñándose en enredarse no sólo con los cables sino con el propio pie del micro, que arrastraba desmontado por donde iba, quedando casi atrapado en él de la manera más inverosímil. Costaba creerlo aunque lo estuvieras viendo. Inenarrable lo del fulano este. Los músicos, bien. Demasiado bien, yo diría, teniendo un demonio de Tasmania por cantante que arrasa con todo lo que hay alrededor.
Con esto no hay quien compita, es una liga aparte, o más bien otro deporte, así que los chavales de Head Holes vinieron a lo suyo, a sacar brillo al rocanrol sucio y chulesco, con actitud, pose y buen sonido. Se lo creen y se lo toman muy en serio, como debe ser a su edad. El cuarteto bilbaíno dejó muy buena sensación, y habrá que seguirles la pista. Con ellos acabaron los conciertos, pero no la fiesta, que seguía a unos metros en la Voodoo Room, con música y bailes hasta el amanecer.
El sábado la jornada comenzaba a mediodía, con los puestos ya montados y abriendo puertas, invitando a la concurrencia a buscar piezas únicas, ya sean discos, chupas, camisetas, camisas o cualquier complemento: pañuelos, calcetines, bolsos, pendientes, anillos y otras mil cosas molonas, para llevarse del Bali RNR Show algo más que la experiencia musical entre colegas.
En la parte musical, la primera banda anunciada eran The Oompah Loompas, que calentaron el ambiente antes de que Lord Diabolik desataran su furioso rocanrol. El enmascarado dúo de frañoles resultó la banda sonora perfecta para el aperitivo, haciendo moverse a todo el que pasaba por allí, literalmente: una encantadora señora bastante mayor y ajena al festival debió oír algún tema de su juventud al pasar por la entrada del hotel, y allí se plantó en primera fila a echarse unos bailes. El rock como fuente de eterna juventud, no hay duda.
Este año se sumaba al programa la presentación del libro «30 años de entrevistas mutantes«, de Marco «Sr. Mutante» Sánchez. Hubo también un recuerdo a Morcillo, antes de retomar los conciertos con Jose Insaciable, seguido del Hombre Lobo Internacional, en lo que ya era el horario de la comida y la sobremesa, con el personal entrando y saliendo, incluso descansando un rato en la terraza junto a la piscina (o por qué no, directamente en la cama, que para eso la habitación la tienes unos pisos más arriba).
Al ir avanzando la tarde se iban casi solapando ya las propuestas, con conciertos arriba y abajo. Repitió el Capitán Entresijos, pero en el otro escenario y con un repertorio distinto al del día anterior, como había prometido. Le sucedieron los Magic Dildoss, que le echaron mucho entusiasmo y se adaptaron a los ajustes de programa por necesidades del momento, y tras ellos pudimos ver a los fantásticos Wavy Gravies, que descargaron toda su energía y su buen rollo.
Asskickers Enmascarados siguieron la estela, dando caña en ese escenario grande durante un buen rato hasta llegar el turno de Thee Braindrops, que desataron la locura durante un buen rato con el imparable Bunny Shima al frente. Desenfreno abajo, mientras arriba Marcos Elvis iba preparando su Graceland particular en el escenario pequeño, donde ya había una larga lista de parejas esperando pasar por el altar al día siguiente.
Y aún quedaban varios platos fuertes para la noche del sábado en el escenario, el primero de ellos la Fundación Francisco Frankenstein, que dieron un concierto bastante atípico para lo que suelen ser sus bolos, generalmente ágiles y sin apenas parones, pero en esta ocasión hubo pausas más largas entre canciones, lo que iba ralentizado el ritmo del recital, pero al final nos dejaron el mismo buen rollo de siempre (incluida la colaboración de Manolo Uvi cantando en uno de los temas).
Moons of Saturn vinieron desde Suecia para darnos unas cuantas lecciones de elegancia y contundencia, con un estupendo repertorio que ejecutaron de manera intachable. Los suecos nunca fallan ni decepcionan. Y el broche de esta segunda jornada lo pusieron Frankie Suz y sus bandas, con un explosivo espectáculo donde el saxo y los teclados tomaron un protagonismo que no habían tenido en ninguna de las actuaciones anteriores, algo de agradecer dentro de esta gran mezcla de sonidos que es el Bali RNR Show.
Acabados los conciertos, nos quedaba pasar al local contiguo para seguir disfrutando de las pinchadas desde la cabina y comentando la jugada de todo lo vivido hasta entonces. Allí se veían por todas partes las sonrisas de satisfacción, tanto entre los músicos como entre los asistentes, y las ganas de apurar las ultimas horas de diversión, pensando ya en la próxima edición.
Aunque todavía no había acabado la fiesta de este año, porque el domingo el mercadillo volvía a ponerse en marcha temprano para acompañar las celebraciones nupciales a cargo de Marcos Elvis, que ocuparon la franja del mediodía hasta la hora de comer, aunque mucha gente aprovechó que, como el año anterior, el sol se decidió al fin a hacer acto de presencia la última jornada, invitando a disfrutar de la terraza y, por qué no, de la piscina, donde muchos de los huéspedes «normales» del hotel disfrutaban de ese sol que probablemente vienen a buscar a Benidorm. Quedamos muy satisfechos por un fin de semana de diversión entre amigos, y esperamos volver al año en busca de más rock que sol, y de más fiesta que descanso.
Hay cosas que no te esperas. y que cuando te las cuentan, no te las terminas de creer. Porque no te las quieres creer. No es posible que una persona tan vital, tan radiante, de repente se haya ido, ya no esté. Iñaki Fernández, inconfundible cantante de Glutamato Ye-Ye y agitador del Madrid de los 80, nos ha dejado.
DEP Iñaki Fernandez, siempre te recordaremos (JGE @ Moby Dick, 18/11/2011)
Iñaki siempre fue una de las caras y de las personalidades más destacadas, peculiares y reconocibles de los últimos años 70 y primeros 80 en Madrid. Era imposible que pasase desapercibido con aquellas pintas que llevaba, incluso dentro de la estrafalaria fauna que empezaba a eclosionar en la noche de la capital. En aquellos tiempos, de no tener pasta para poder entrar en los conciertos a montar un grupo para ser tú el que tocaras había un paso, y ellos decidieron darlo.
Irreverentes y provocadores, con unas letras que iban más allá de lo convencional, a veces surrealistas pero con un trasfondo nada trivial, su imagen y su actitud al frente de Glutamato fueron rompedoras desde el principio, y a nadie dejaban indiferentes. Apenas duraron 10 años en activo, pero luego Iñaki participó en otros proyectos, y en varias ocasiones se reunieron Patacho y él con unos cuantos amigos para recordar ese legado glutamínico, noticia que entre sus fieles siempre se recibía con alborozo y regocijo.
Tuve la suerte de poder verle en escena varias veces en algunas de esas reuniones que Glutamato llevaron a cabo en este siglo, y a pesar de haber pasado más de 30 años desde que comenzaran su andadura, el espíritu rebelde y desmadrado lo conservaron siempre. Me llevo ese recuerdo: las fotos que pude hacerles y las breves conversaciones que mantuvimos un par de veces al bajarse del escenario. Una suerte haber llegado a compartir esos momentos, y una pena enorme no poder volver a repetirlos.
Que la tierra te sea leve, querido Iñaki. Se te va a echar mucho de menos.
Durante un fin de semana, Benidorm se convirtió en el centro de reunión de la afición rockera más selecta y bizarra, venida desde toda la geografía ibérica y buena parte de Europa. Una vez más, Metallic’ko Leathers montó una fiesta de tres días para celebrar con toda su gente el aniversario de su tienda, referente mundial de las chupas de cuero desde hace casi 40 años.
Desde el viernes depués de comer empezaron a funcionar los puestos de discos, ropa y complementos, con la presencia de DJs que iban amenizando la tarde, y antes de caer el sol ya habían empezado los conciertos, que durarían hasta pasadas las dos de la madrugada, y luego seguía la fiesta con más DJs poniendo rock en todas sus acepciones hasta las 7 de la mañana.
Y al día siguiente, más de lo mismo pero desde mucho más temprano: al mediodía arrancaban de nuevo el mercado y las pinchadas en la zona Island, una amplia cafetería entre la recepción y la terraza de la piscina del Gran Hotel Bali, una de las tres áreas donde se desarrolla este festival, todo sin salir del recinto del hotel. A media tarde volvían los conciertos al Ballroom, bajando una escalera desde la propia piscina, y al lado de la Voodoo Room donde la fiesta se alargaría de nuevo hasta el amanecer.
El fin de semana fue transcurriendo entre reencuentros con viejos conocidos y encuentros con nuevas amistades, en un ambiente festivo, distendido y con muchas risas, con la música y las cervezas presentes por doquier. Era divertido ver a la fauna rockera asistente mezclarse con el resto de huéspedes del hotel, conviviendo en una colorida concurrencia. El domingo, tras dos días de viento y nubes, el tiempo invitaba por fin a darse un chapuzón para despejarse y seguir disfrutando del mercadillo, los conciertos matinales y los DJs que siguieron poniendo banda sonora al desmontaje y la despedida hasta casi el anochecer.
Una muy grata experiencia, en un marco casi familiar, con todo lo necesario a tan solo unos pasos de distancia, sin salir del recinto del Hotel Bali. Una cita imprescindible para los amantes del rock en general y de su vertiente más gamberra y canalla en particular, con momentos mágicos e irrepetibles, que esperamos volver a disfrutar en próximas ediciones. Agradecemos a toda la gente involucrada en la organización el esfuerzo por hacernos sentir como en casa, y por estar atentos a cada detalle para que todo saliera a la perfección. El trabajo y los desvelos de tantos meses tuvieron su recompensa.
Ramón Masats nos ha dejado, a los 93 años, poniendo fin a una generación que empezó a retratar su entorno con una mirada que iba más allá del simple testimonio, del documento gráfico, para dejar ver un enfoque personal y particular, en su caso siempre con un punto de humor, poniendo de manifiesto nuestras luces y nuestras sombras, literalmente.
Una carrera dilatada y con una producción asombrosa, en cantidad y calidad, mirando hacia esa España típica y tópica, pero sin caer en convencionalismos, buscando siempre puntos de vista diferentes, para sacar una sonrisa o una reflexión más allá de lo que a primera vista pudiera verse. Ramón creó, partiendo de arquetipos ya existentes, una nueva iconografía de la sociedad que le tocó vivir, creando imágenes imperecederas que ya han pasado a ser parte del imaginario colectivo.
Pocas facetas de la vida institucional y cotidiana escaparon de su objetivo, especialmente atento a fiestas y celebraciones, y curiosamente la música, presente casi siempre en esas situaciones, es algo que no tiene apenas presencia en su obra. Nos ha costado encontrar imágenes suyas que simbolizaran esa relación visual con el mundo de la música de manera expresa, y probablemente no sean las más representativas de su inabarcable producción, pero ahí quedan como reducido testimonio de su mirada hacia la música – en el caso de la tercera foto, aunque no haya presencia musical evidente, nos ha recordado a muchas de las que hacemos en conciertos desde la pista, con el público de las primeras filas delante.
Eso sí, en su única incursión como director de largometraje (aunque también hizo numerosos documentales, muchos de ellos para RTVE, que hace poco le dedicó su espacio Imprescindibles), la historia sí giraba en torno a la música: «Topical Spanish» (1970) es la delirante historia de un seminarista que acaba montando un conjunto de música moderna, donde Masats dejó la impronta de su sentido del humor y , por supuesto, de su personal mirada.
Despedimos así a un maestro indiscutible de la fotografía, rindiendo un merecido homenaje a alguien a quien se lo debíamos ya que, aunque nunca llegamos a coincidir ni a conocernos en persona, si tuve el placer y el orgullo de recibir, a través de su hijo, su felicitación por esta foto que hice en la exposición «Visit Spain» que le dedicaron en Tabacalera en 2020.
Cumplimos un año más y, de manera imprevista, surgió la ocasión de celebrarlo rememorando las canciones que formaron la banda sonora de nuestro cine quinqui, reinterpretadas en directo por un notable elenco de músicos de diversas procedencias pero de enorme solvencia: la Gipsy Power Band.
Una vez lanzados estos discos recopilatorios, surge la idea, y casi la necesidad, de recuperar esas músicas también en directo, optando por retomar esas canciones que ponían el fondo musical a aquellas películas sobre legendarios delincuentes callejeros, y que fueron el principal reclamo de aquellos expositores de cassettes que se encontraban en todas las gasolineras y muchos bares de los años 80. Los Chichos, Los Chunguitos, Las Grecas, Los Chorbos y otros muchos grupos tuvieron entonces un enorme éxito y una gran popularidad, formando parte desde entonces de nuestra banda sonora vital, y casi de nuestro ADN.
Y ahora esas canciones, clásicos de nuestra cultura popular, las retoman este heterogéneo grupo de músicos para darlas nueva vida: las voces de los hermanos Rafael y Samuel Campos (Darako) y Pucci (Sweet Barrio) se unen a Javi Skunk, David Salvador, Rubén García, José Funko y Víctor Iniesta, junto al propio Indio a las percusiones, para recrear sobre un escenario una selección de aquellos temas, dándoles ese aire funky y quinqui distintivo que recogía influencias del flamenco, la rumba y la música disco.
Un espectáculo bastante sorprendente, y más que recomendable, donde no caben prejuicios musicales sino curiosidad para descubrir como confluyen todas esas influencias diversas, y por supuesto, ganas de disfrutar de la música en todas sus vertientes, siempre que esté bien hecha. Atentos a las próximas presentaciones de esta máquina sonora, y quien pueda ir a verles que no se lo pierda, que seguro que a nadie dejará indiferente.
Un concierto de rock en un cementerio, y en vísperas de la noche de difuntos, es un plan al que no podíamos resistirnos. Y si, además, la banda que se anuncia en el cartel son unos viejos conocidos con un repertorio tan oscuro y fantasmal como son La Broma Negra, la cita es ya ineludible.
Cementerio Británico de Madrid. Siete de la tarde de un sábado desapacible que amenazaba lluvia. Almas en pena pululando entre las tumbas, unas con chupas de cuero, otras con hábitos monacales, algunas más ataviadas con terroríficas indumentarias, desde sanguinarios verdugos hasta alguna niña endemoniada.
Los músicos fueron saliendo al escenario casi con las últimas luces de la tarde, pero antes de que pudiesen dar las primeras notas empezaron a caer las primeras gotas. La temida lluvia amenazaba con impedir la celebración del evento. Unos minutos de espera, cubriendo los instrumentos y el equipo con unos plásticos que, agitados por el viento, terminaban de completar ese aire fantasmal que envolvía el recinto.
Al fin, los espíritus burlones decidieron permitir que el concierto se llevase a cabo, aunque sin renunciar a seguir jugando de vez en cuando con los mortales allí reunidos durante el resto de la velada. Un sencillo escenario delante de un sobrio arco ojival y unos focos de colores cambiantes alumbrando desde el suelo hacia el cielo fueron suficientes para crear una ambientación perfecta donde los músicos, lúgubremente ataviados para la ocasión, y sus más oscuras canciones, celosamente escogidas para tan singular recital, contrastaban con ese colorido casi irreal, como de cómic, convirtiendo la escena en una especie de fantasía onírica.
Difícil será encontrar mejor lugar y ocasión para interpretar temas como Cementerios de España (con la que abrieron el concierto), 1º de Noviembre, Rimas y Leyendas, El último día en la Tierra, Demonios en el jardín, Fantasma o Los muertos… Es más, oyéndolas allí parecía que algunas habían sido compuestas expresamente para ser ejecutadas en un marco como ese.
Algún nuevo amago de lluvia hizo temer por la suspensión del recital, pero nuevamente fue una molestia tan leve como pasajera que no pudo interrumpir la ceremonia. Sin embargo, cuando el concierto casi tocaba a su fin, algún ánima quizás ya cansada de tener por allí rondando a tanto espectro ajeno a la vecindad habitual, decidió cortar por lo sano y dejar al bajo sin sonido, interrumpiendo la actuación de forma abrupta y precipitando la despedida.
Podría haber habido peores formas de echarnos, así que entendimos y respetamos la petición de descanso de los moradores del camposanto, y nos fuimos marchando ordenada y tranquilamente, llevándonos como recuerdo las velitas que la banda había colocado por todo el cementerio, y con ellas algo de la magia y el misterio de una noche irrepetible, pero que sería maravilloso que se convirtiera en una tradición que podamos repetir año tras año en tan señaladas fechas.
El primer paso está dado, ahora queda ver si el camino continua. Visto el fantástico resultado de esta singular experiencia, a ver si también otros cementerios se animan a abrir sus puertas para este tipo de iniciativas, algo que debería aunque a mucha gente pueda parecerle raro o inapropiado, en realidad es de lo más natural. Al fin y al cabo, a los difuntos hay que recordarles, y nunca está de más ir a compartir con ellos nuestros ratos de felicidad. Eso sí, desde el respeto y sin molestar, como todo el mundo hizo en esta inolvidable ocasión.
Y no queremos terminar el relato sin agradecer a Funerarte que hayan hecho posible un evento tan inusual en un lugar tan mágico. Por más iniciativas como esta, que ya se ha visto que pueden ser más que interesantes.
Hacía tiempo que teníamos ganas de vivir un concierto desde dentro, pero de verdad: desde el principio, viajando con los músicos, descargando el equipo para la prueba de sonido y compartiendo camerino, esfuerzos, emociones, sudores, cervezas y risas. Y este fin de semana tuvimos la ocasión de hacerlo con Ana Curra y su banda.
Salimos el sábado temprano rumbo a Valencia, donde ese día iban a compartir cartel con Los Enemigos y MClan, en un concierto denominado Poetas del Rock dentro del ciclo veraniego Concerts de Vivers, que se desarrolla en un estupendo enclave urbano, en pleno centro de la ciudad del Turia, en los Jardines del Real – también llamados de Viveros, un auténtico oasis en este caluroso verano.
Y es que es fácil que te toque, como fue el caso, llegar a descargar, montar y probar sonido a las cuatro de la tarde, una hora a la que en estas fechas más vale estar al fresco, o al menos a cubierto. Menos mal que el escenario era enorme y, sobre todo, a esa hora tenía sombra. El inevitable ritual de ir haciendo sonar cada instrumento se sobrellevó bastante bien, gracias al buen entendimiento y la colaboración de músicos y técnicos, y en un par de horas estaba todo listo.
Y aunque en principio nuestro papel era sólo el de ir a documentar el concierto con la cámara, no sólo acabamos haciendo de improvisado proyeccionista durante el concierto, sino que en apenas 24 horas creamos un nuevo vídeo para acompañar la interpretación de Unidos. Todo un desafío personal que supuso una satisfacción añadida, ya que Curra le dio el visto bueno para estrenarlo allí mismo en Valencia.
Ya que les tocaba abrir el espectáculo, a las 8 y media con mucha luz del día aún, poco iban a notarse los focos del escenario, pero al menos se pudo aprovechar bien la fabulosa pantalla para dar color y vida a la actuación con las diferentes proyecciones que iban acompañando los distintos temas.
Un concierto corto pero muy intenso y del que todo el mundo salió satisfecho: un entorno fantástico, un escenario imponente, un sonido y una imagen espectaculares, un ambiente muy animado y una estupenda organización. Poco más se podía pedir, así que una vez acabada nuestra tarea pudimos felicitarnos por haber cumplido con nuestra misión, repusimos fuerzas y nos relajamos, y por supuesto nos acercamos también a disfrutar un rato de los otros dos conciertos – y de paso a hacerles alguna foto también, claro.
Gracias a toda la organización, a los técnicos que nos echaron – literalmente – todos los cables que fueron necesarios, al público que participó y disfrutó de la velada y, por supuesto, a Ana, a Pilar, a Iván y a Iñaki por admitirme en su furgoneta y en su tropa, y por permitir que les acompañase en esta pequeña aventura que es salir a la carretera con una banda de rock, algo que para ellos es algo natural y habitual desde hace muchos años pero que para mí fue algo único y muy especial porque, aunque seguramente no será la última, para mí era la primera vez, y las primeras veces nunca se olvidan.
Diez años. Diez vueltas al sol. Aunque en este tiempo nuestras vueltas a El Sol han sido muchísimas más, tantas que hace mucho tiempo que ni se nos ocurre intentar llevar la cuenta. Por eso no es extraño que, diez años después, lo que empezó con una foto de Sex Museum en la sala El Sol, llegue a tan señalada fecha en el mismo lugar, aunque esta vez con Doctor Explosion.
Muchas cosas han cambiado en este decenio, y como consecuencia de ello también ha cambiado mucho la actividad de Oigo Fotos. Lo que en principio nació con mucho entusiasmo y una periodicidad más o menos regular y sostenida, con vocación de ir descubriendo imágenes y artistas (delante y detrás del objetivo) primero cada semana, luego cada mes, y después cuando se iba pudiendo, ha acabado siendo algo que retomamos de vez en cuando, cuando tenemos un hueco, para mantener viva la llama y no dejar que esto se acabe, así sin más.
Por eso no queremos decir adiós, porque aunque las publicaciones no tengan la continuidad del comienzo nos gusta pensar que esto es algo que sigue vivo, y que siempre lo va a seguir estando. Porque, aunque Oigo Fotos sea sólo un pequeño y modesto reducto desde donde reivindicamos la importancia de la música y de las imágenes, y de quienes las hacen posibles y las dejan para la posteridad, estamos convencidos de que esas cosas siempre serán algo importante, muy importante para alguna gente, aunque sea poca, y con eso es suficiente para que sigamos dejando por aquí constancia y ejemplo de ello.
Gracias a quienes nos seguís, y sobre todo a quienes en cualquier momento habéis hecho también vuestras valiosas aportaciones para que esto haya salido adelante y hayamos llegado hasta aquí. Y aunque ahora mismo no se han podido dar las circunstancias para hacer una celebración en condiciones, queda pendiente para más adelante. Nos seguimos viendo, y escuchando.
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